La historia de Silvia Albarenque y los abusos que denunció durante sus años en un convento carmelita de Nogoyá volvió a despertar interés a partir del estreno de la miniserie Cautiva, inspirada en ese caso. La producción llevó nuevamente al centro de la escena la vida dentro del monasterio y, especialmente, la figura de Luisa Toledo, quien era la priora cuando ocurrieron los hechos denunciados y posteriormente fue condenada por la Justicia.
Miniserie "Cautiva": la historia real de Silvia Albarenque, la mujer que denunció abusos en un conventoEl caso había tomado estado público en 2016, cuando Albarenque y Roxana Peña denunciaron los malos tratos, abusos y tormentos que, según sus testimonios, habían sufrido bajo el liderazgo de Toledo. Ese mismo año, el juez de Garantías, Gustavo Acosta, decidió separarla de su cargo de priora. En noviembre de 2016, además, el Vaticano resolvió apartar definitivamente a Toledo y enviarla a otro monasterio.
Por qué fue condenada Luisa Toledo
El proceso judicial continuó durante los años siguientes y, en julio de 2020, el Tribunal de Juicio y Apelaciones de Gualeguay condenó a Toledo a tres años de prisión efectiva por el delito de privación ilegítima de la libertad agravada, en perjuicio de Albarenque y Peña.
Según lo considerado probado por el tribunal, Toledo había impedido durante años que las dos mujeres abandonaran el convento y las había sometido a violencia, amenazas y tormentos.
La Fiscalía había solicitado una pena de seis años y medio de prisión, pero el tribunal redujo la condena teniendo en cuenta la avanzada edad y el estado de salud de Toledo.
Cuándo cumplió la condena
La condena quedó firme y Toledo ingresó a prisión en agosto de 2021. Un año después, en septiembre de 2022, el juez de Ejecución de Penas, Carlos Rossi, le concedió la libertad condicional para completar el cumplimiento de la pena.
Finalmente, el 23 de agosto de 2024, Toledo cumplió el plazo total de los tres años de prisión establecidos en la sentencia. Actualmente, trascendií que la ex priora vive en un convento en la provincia del Chaco, después de haber sido apartada del monasterio de Nogoyá y de cumplir la condena impuesta por la Justicia.
Los castigos que denunció Silvia Albarenque
Los testimonios de las exmonjas fueron centrales para conocer qué ocurría dentro del convento. Albarenque contó que los castigos incluían mordazas, látigos, cilicios y golpes en distintas partes del cuerpo.
Según su relato, las prácticas se extendieron durante años. Al momento de realizar la denuncia, tenía 34 años y había ingresado al monasterio cuando tenía 18.
También relató que las mujeres podían permanecer expuestas al frío, encerradas durante días en celdas o amordazadas durante períodos prolongados.
Entre los castigos que describió también mencionó que eran obligadas a quitarse la ropa interior y golpearse con un látigo en las nalgas, además de realizar la señal de la cruz con la lengua sobre el piso. Sin embargo, Albarenque señaló que, para ella, el aspecto más grave fueron las consecuencias psicológicas de esas prácticas.
El reclamo de Albarenque después de la denuncia
En declaraciones posteriores a la sentencia, Albarenque cuestionó uno de los argumentos que, según recordó, había utilizado la defensa de Toledo durante el proceso: que las prácticas realizadas dentro del convento formaban parte de las reglas permitidas por la Iglesia.
La excarmelita sostuvo que Toledo había llevado esas prácticas más allá de cualquier norma para generar miedo y ejercer control sobre las religiosas.
Albarenque también contó que, mientras todavía se encontraba en el convento, había hablado con un obispo y le había relatado lo que estaba ocurriendo. Según su testimonio, esperaba que esa intervención permitiera detener los castigos.
De acuerdo con su relato, otra de las denunciantes habría continuado sufriendo situaciones de este tipo durante tres años más después de aquella conversación.
Tras abandonar la vida religiosa, Albarenque también se alejó de la Iglesia. Explicó que esa decisión no estuvo vinculada únicamente con lo que había vivido en el convento, sino también con una reflexión personal sobre la forma en que quería conducir su vida.